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Destruyen antigua Ciudad de los Muertos en Egipto por nueva autopista

Hill Prados

“Nos han pillado desprevenidos. La excavadora llegó de pronto al muro y tuvimos que echar nuestras pertenencias fuera como locos (…) Nos dejaron en la calle”, confía bajo el anonimato la esposa de un guardia del mausoleo

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El Cairo.  En la inmensa necrópolis histórica de El Cairo, las vallas no logran esconder los escombros de los mausoleos destruidos de la Ciudad de los Muertos, patrimonio mundial de la Unesco, para construir la polémica carretera al Ferdaus, el “paraíso”.

Para unir los dos grandes ejes de la megápolis cairota, las autoridades egipcias iniciaron a mediados de julio la demolición parcial y la expulsión de los habitantes de la Ciudad de los Muertos, la necrópolis más antigua del mundo musulmán.

Última morada de personalidades ilustres pero también de ciudadanos ordinarios, la necrópolis contiene suntuosas bóvedas, reproducidas por pintores orientalistas y descritas por los historiadores a través de los siglos.

Aunque por el momento la destrucción se limita a panteones que datan de principios del siglo XX, esta ha “afectado al perímetro de salvaguarda (200 metros)” de los complejos funerarios antiguos y se produce “en el vecindario inmediato de la tumba del sultán Quansua Abu Said (siglo XV)”, monumento clasificado, según la urbanista e investigadora Galila el Kadi.

El cementerio, que es anterior a la ciudad fundada en el siglo VII por la dinastía fatimí, es un “componente importante” de El Cairo y la demolición supone una “pérdida de su identidad visual y de su memoria”, lamenta la investigadora.

“Política de la excavadora” 

Las autoridades aseguran que no afecta al patrimonio y minimizan el valor histórico y arquitectural de los edificios destruidos.

“No hay destrucción de monumentos”, solo “tumbas contemporáneas”, dice el ministerio de Antigüedades.

Contactada por la AFP, la Unesco afirma “que no ha sido informada ni consultada” y “sigue el dosier con las autoridades egipcias (…) para evaluar las consecuencias sobre el interés universal excepcional, la autenticidad y la integridad” del lugar.

Para Kadi, esta situación pone de manifiesto el carácter “ciego y arbitrario” del método de ordenación urbana que se aplica en El Cairo, la “política de la excavadora”.

La construcción de al Ferdaus — que une el puente del 6 de Octubre a la autopista Tantaui — constituye un enésimo episodio del folletín de la transferencia de los centros de poder hacia la nueva capital administrativa, un proyecto del ejército en pleno desierto, a 45 kilómetros al este.

Este megaproyecto, destinado a albergar las instituciones nacionales y extranjeras a partir de final de este año, se presenta como un símbolo del poder autoritario del presidente Abdel Fatah al Sisi, elegido en 2014, unos meses después de la destitución del presidente islamista Mohamed Morsi.

Se han multiplicado las carreteras de acceso para unir los barrios residenciales a la nueva sede del poder, acabando con décadas, incluso siglos de historia urbana y molestando a menudo a los residentes.

Entre las últimas polémicas, se encuentra la construcción de un puente de autopista prácticamente adosado a los edificios en Guizeh, distrito que engloba a todo el oeste de la capital.

“Vivos y difuntos maltratados”

En Twitter, las imágenes de los trabajos suscitan la indignación. Uno de ellos — @morocropolis –, cuya familia materna posee un panteón en la calle Quansua desde la década de 1940, denuncia la chapuza, bajo el anonimato, por temor a las represalias.

“Nos habían dicho que necesitaban una parte de la cámara funeraria de las mujeres pero empezaron a destruir la reja y las piedras de las tumbas antes de desplazar los restos”, asegura. Según él, su familia no será indemnizada por los daños del panteón ya que no “será totalmente destruido”.

Pero la necrópolis cairota también alberga a vivos desde hace varios siglos. Se trata de habitantes informales y modestos.

“Nos han pillado desprevenidos. La excavadora llegó de pronto al muro y tuvimos que echar nuestras pertenencias fuera como locos (…) Nos dejaron en la calle”, confía bajo el anonimato la esposa de un guardia del mausoleo.

Esta madre de tres hijos vivía con su familia en el panteón familiar de un notable de principios del siglo XX, que ha sido prácticamente destruido. Ante la falta de alternativa, viven en casa de unos vecinos cuya vivienda ha sido preservada.

“Es terrible. Han puesto a los difuntos sobre tapices de paja”, explica la treintañera, que forma parte de la tercera generación que vive en la Ciudad de los Muertos.

“Maltratan a los vivos y a los muertos, sin piedad”, resume.