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Ajuste de cuentas con el pedófilo

Morales Divo
Mientras alcanzó su mejor ranking histórico, Niemann se prepara para jugar este jueves el US Open: Horarios y detalles del torneo

El escritor Gabriel Matzneff y la editora Vanessa Springora 

Acaba de llegar a nuestras librerías ‘El consentimiento’ (Lumen / Empùries) , el libro que a principios de este año colocó una bomba de profundidad en el seno de la intelectualidad francesa con un debate que tiene una compleja y retorcida argumentación. El libro, escrito por la editora Vanessa Springora (París, 1972), es una ‘memoir’ en la que  se relata la historia de seducción ejercida por el reconocido escritor francés Gabriel Matzneff de 50 años a una niña de 14 años, ella misma.  Una adolescente rebelde y letraherida que no se llevaba demasiado bien con su madre y que cargaba con la ausencia de un padre, que había dejado de ejercer como tal abandonando a la familia tres años antes. Una noche, su madre insistió en llevarse a la jovencita a una reunión de amigos escritores; allí captó la atención de Matzneff, discípulo de Henri de Montherland, amigo íntimo de Mitterrand y Cioran y figura respetada aunque bohemia de la intelectualidad francesa

El escritor Gabriel Matzneff y la editora Vanessa Springora 

Acaba de llegar a nuestras librerías ‘El consentimiento’ (Lumen / Empùries) , el libro que a principios de este año colocó una bomba de profundidad en el seno de la intelectualidad francesa con un debate que tiene una compleja y retorcida argumentación. El libro, escrito por la editora Vanessa Springora (París, 1972), es una ‘memoir’ en la que  se relata la historia de seducción ejercida por el reconocido escritor francés Gabriel Matzneff de 50 años a una niña de 14 años, ella misma.  Una adolescente rebelde y letraherida que no se llevaba demasiado bien con su madre y que cargaba con la ausencia de un padre, que había dejado de ejercer como tal abandonando a la familia tres años antes. Una noche, su madre insistió en llevarse a la jovencita a una reunión de amigos escritores; allí captó la atención de Matzneff, discípulo de Henri de Montherland, amigo íntimo de Mitterrand y Cioran y figura respetada aunque bohemia de la intelectualidad francesa.

El resto, iniciación sexual, con sodomización incluida, está contado con todo lujo de detalles y mucho espirítiu analítico. Incluida la pasión real que sintió la adolescente por el adulto durante dos años, con el consentimiento de la madre, hasta el descubrimiento de haber sido utilizada. Fue una más en una larga lista de amantes del depredador, todos ellos menores. A algunos – porque Matzneff no hacia distingos entre chicos y chicas – los seducía como a ella, otros eran el trofeo del mercantilista turismo sexual que practicaba en países exóticos. Lo más sorprendente de este caso es que Matzneff jamás escondió sus preferencias y se valió de ellas como material para sus libros memorialísticos que eran una absoluta loa a la pedofilia y, sin embargo, fueron celebrados por sus pares, los intocables escritores.  

La editora francesa Vanessa Springora  /  PENGUIN RANDOM HOUSE

Los viejos tópicos morales  Un ejemplo claro de esta consideración fue la carta que Matzneff redactó en 1977 en apoyo de la excarcelación de tres hombres acusados de haber tenido relaciones con chicos menores de 15 años y que figuras tan señeras como Simone de Beauvoir, Jean-Paul Sartre, Roland Barthes o Gilles Deleuze firmaron bajo el argumento de que era necesario destruir los viejos tópicos de moralidad.  Dos años antes de esa carta, Matzneff había puesto negro sobre blanco sus apetitos en un ensayo titulado  ‘Los menores de 16 años’ que presentó en el mítico programa televisivo ‘Apostrofes’ para regocijo de su director, Bernard  Pivot , quien le río la gracia de su éxito entre niñas de 10 a 15 años. Y no hace tanto tiempo, como quien dice, antes de ayer, fue galardonado en el 2013 con el prestigioso Renaudot.

Los libros de Matzneff no deberían prohibirse, pero sí contextualizarse” 

Vanessa Springora 

Estas circunstancias fueron recordadas en la prensa francesa con la salida de este libro y la polvareda levantada no fue muy distinta a la que despertó la carta de Catherine Deneuve y sus amigas en relación al MeToo, defendiendo el poder de la seducción. Pivot, puesto en cuestión en la actualidad, llegó a ampararse en el argumento de que los tiempos habían cambiado y se defendió en un tuit: “En los años 70, la literatura estaba por encima de la moral; hoy en día la moral va por delante. Moralmente es un progreso”. Dejando a un lado el sesgo nostálgico, lo que defiende sibilinamente Pivot es la vieja idea de que el arte debe ser un espacio sagrado y protegido en el que todo vale. La propia autora, que ha visto cómo su libro se alzaba en el podio de los más vendidos mientras los libros de Matzneff han sido retirados del catálogo Gallimard, asegura no estar de todo de acuerdo con esa decisión: “Creo que deberían publicarse acompañados de una contextualización y esos textos debería servir para comprender por qué en su momento no afectaron al público como lo harían hoy”.

Gabriel Matzneff, en la epoca en la que sedujo a la joven Springora.  

Durante 30 años, Springora, que confiesa una juventud “devastada” por el suceso, fue carne de psicoanálisis y cubrió un largo trayecto hasta alcanzar la estabilidad emocional. Lo explica a través de videollamada desde su casa de París:  “Ahora soy madre de un adolescente y de pronto proyecté mi historia en él. Le vi frágil, que no es en absoluto como se siente él, porque yo a los 14 años me creía muy adulta. Entonces no me daba cuenta de lo fácil que es para cualquier figura de autoridad seducir a un menor y lo peor es que tardé mucho tiempo, por lo menos una década, en llegar a esa conclusión”. También considera irónico que fueran los libros que su amante le prescribía los que le ayudaron a salvarse: “Fueron esas lecturas las que me permitieron liberarme de él. Ese es el poder de la literatura”.

Extraordinaria ‘Lolita’  La autora defiende ‘Lolita’ como una obra “extraordinaria”, posiblemente la primera vez que un pedófilo es el protagonista de una ficción literaria de altura -“Nabokov no es condescendiente con Humbert Humbert”-, e incluso es capaz de defender la obra de Roman Polanski, recientemente premiado en los Cesar, no sin polémica, “porque en ella no ha hecho jamás apología de la violación. Otra cosa son la cuentas que él personalmente tiene con la justicia”. Pero en el caso de su seductor ve una notable diferencia: “Si el artista no está separado de su obra, si en ella defiende un delito y se reivindica como autor, como el monstruo que está en sus libros, evidentemente esa obra no debe ser censurada pero sí cuestionada”. Es el caso de Metzneff que ahora tiene 84 años y ha sido condenado al ostracismo por muchos de sus antiguos amigos. Irónicamente, sus historias han tenido que mostrarse desde el punto de vista de la ‘víctima’ para que muchos de sus lectores se dieran cuenta de lo que suponían realmente sus libros. “Mucha gente creía que aquello eran fantasías, pero mi libro confirma que no era un mitómano”.

“Muchas veces el consentimiento, desde el punto de vista jurídico, puede volverse en contra del menor” 

Tampoco le teme Springora a preguntas tan afiladas como cuál puede ser realmente la edad del consentimiento: “Es una noción judírica, pero la mayoría de las veces se puede volver en contra del menor porque permite atenuar la gravedad de los hechos si el adulto tiene, como suele suceder, una posición de poder. El consentimiento puede tener que ver también con la vulnerabilidad por razones económicas, no solo de edad”. Y aconseja a los jóvenes que lean este libro “porque una relación siempre tiene que tener lugar en pie de igualdad”.

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