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DICCIONARIO DE FARSANTES, el caso de Bernardo Celis Parra…

Adolfo Ledo Nass

¿Por qué no sacaron otros remitidos ante la «trágica quiebra del Banco Andino» por las obligantes desviaciones de su capital que tuvo que hacer el pobre Celis Parra, y firmados como siempre por las eminencias de nuestro Estado: don Baltazar Porras, el presidente de la Asamblea Legislativa Eloy Dávila y el rector de la ULA, Michel Rodríguez Villanave? ¿Por qué?

Medito sobre todos los baldes de agua bendita derramados por nuestros guías espirituales, en las pulcras y brillantes alfombras, en los lujosos escritorios de tantas oficinas bancarias de nuestra república donde se firmaron la catastrófica desgracia que incluso hoy nos consume. Medito sobre la palabra del Señor lanzada entre tamaña hueste de locos, farsantes y ladrones. Medito sobre los brindis posteriores, en los abrazos calurosos y luego en las interminables colas plagadas de desesperados frente a las puertas de esos mismos centros, de los padres de familia que se suicidaron, de los que todo lo perdieron, de los límites ya impensables de la deuda externa que nos devora; de los malditos farsantes que arrobados por la palabra del Señor, huyeron a Miami, a Londres o Suiza con nuestro capital

Celis Parra, Bernardo : La gente de Mérida recuerda aquella propaganda, donde aparecía un gocho campesino con su ruana y una escardilla y decía muy orgulloso, afianzado en la noble tierra andina: «-Es nuestro»; pues se ha demostrado que ese campesino era el mismísimo don Bernardo Celis Parra disfrazado de paramero, y claro, con toda razón tenía que decir, con ese orgullo positivo, con los bolsillos atestados de dólares, palpándose debajo de la ruana con la mano peluda de su inmenso descaro y la voz encogida de un gochismo bien acendrado y vernáculo: «-ES NUESTRO».

Ahora bien, ¿por qué el banquero Orlando Castro huyó a Miami, y don Bernardo Celis Parra (quien cometió tantas irregularidades como el cubano mafioso) siguió tan campante ocupando su curul de senador en el fastuoso Congreso de la República? Pues, la respuesta es sencilla: la plata que se cogió Bernardo Celis fue para financiar la campaña del doctor Caldera. Y al mismo tiempo en medio de esta farsa insostenible, donde ya la fulana honra del señor presidente nos parecía el peor chiste del momento, también nos acude la pregunta: ¿y qué fue de ese Piñeruita, presidente de la Comisión Anticorrupción, y llamado Adelso González Urdaneta? Venezuela es el único país, donde para combatir a la corrupción se crean centros burocráticos, comisiones, delegaciones ambulantes y pequeños y ridículos Rospierres, que consumen y se cogen más de cuanto se ha pretendido rescatar o de cuanto ya ha desaparecido mediante el robo o la estafa.

Celis Parra, Bernardo : ¡Ah!, pero acuden tantos recuerdos de aquellos día azarosos, envuelta la nación en el polvo de los escándalos financieros y plagada la prensa nacional con remitidos costosísimos, firmados por la mayor eminencia eclesiástica de Mérida, su excelencia don Baltazar Porras y, el rector de la ULA, Michel Rodríguez Villanave, solicitando apoyo moral y ayuda económica para el Banco Andino. Esto, claro, lo leyó todo el mundo. ¿Por qué tenían que verse envueltos en esta petición un obispo y un rector? ¡Qué fiasco!, digo, pues, mientras Orlando Castro se escondía como una rata en EE.UU., nuestro orondo Celis Parra, daba discursos «grandiosos» en el complejo cultural «Don Tulio Febres Cordero»; mientras Orlando Castro era la befa de la nación, don Celis Parra se hacía el loco y acudía con algunos emperifollados miembros de su familia a comer en el humilde restaurante El Bimbo, del centro de la ciudad de Mérida, pretendiendo dar la imagen de que sí es el gocho sucio, sin rasurar, con un sombrero podrido que aparece simulado entre la bella y dulce neblina de la sierra andina. Es que los grandes banqueros de Venezuela, dada la forma extraordinariamente caprichosa con que se manejan los créditos bancarios, por fuerza, tenían y tienen que encontrarse sumergidos en los mismos esquemas mafiosos que utilizo Gustavo Gómez López y que acabó produciendo la reacción en cadena de quiebras y emergencia financiera que aún desquicia a la economía nuestra.

Si hubiese triunfado COPEI en la contienda electoral pasada, Gómez López habría recuperado su poder económico en Venezuela. De modo que con lo de la fulana honradez de los directores de CONVERGENCIA, se había cometido otra impresionante estafa al pueblo.

El sereno «Orlando Castro de “El Banco Andino», gozando de la paz octaviana que le deparaba el haber sabido colocarse a tiempo bajo la sombra del zorro Caldera, siguió imperturbable hablando de democracia con todo desparpajo. Protegido por su inmunidad parlamentaria, cubriendo con la égida de su poder y la de sus amigos de Miraflores, los hijos del presidente, la pasta maldita de sus rollos financieros que llevaron a la debacle a la nación entera. Dinero producto de la estafa a todo nuestro pueblo. Y todavía nosotros comiéndonos el cuento de la democracia, cuando el Dr. Caldera en su limbo, resultó tan idéntico a CAP, tan idéntico que lo superó en todo (menos en barraganadas).

¿Por qué no sacaron otros remitidos ante la «trágica quiebra del Banco Andino» por las obligantes desviaciones de su capital que tuvo que hacer el pobre Celis Parra, y firmados como siempre por las eminencias de nuestro Estado: don Baltazar Porras, el presidente de la Asamblea Legislativa Eloy Dávila y el rector de la ULA, Michel Rodríguez Villanave? ¿Por qué?

Medito sobre todos los baldes de agua bendita derramados por nuestros guías espirituales, en las pulcras y brillantes alfombras, en los lujosos escritorios de tantas oficinas bancarias de nuestra república donde se firmaron la catastrófica desgracia que incluso hoy nos consume. Medito sobre la palabra del Señor lanzada entre tamaña hueste de locos, farsantes y ladrones. Medito sobre los brindis posteriores, en los abrazos calurosos y luego en las interminables colas plagadas de desesperados frente a las puertas de esos mismos centros, de los padres de familia que se suicidaron, de los que todo lo perdieron, de los límites ya impensables de la deuda externa que nos devora; de los malditos farsantes que arrobados por la palabra del Señor, huyeron a Miami, a Londres o Suiza con nuestro capital.

Pienso, pienso en tantas cosas…

Después se volvieron escuálidos en nombre de la democracia que Chávez les había arrebatado. La democracia que les permitía robar y estafar, y al mismo tiempo ser santos, ser candidatos y ser prohombres de la república.

Celis Parra, Bernardo : Banquero y copeyano. Dueño de medio mundo en Mérida. El 17 de noviembre de 1994, al fin se publica la cifra de la pérdida en la quiebra del Banco Andino: 4.800 millones de bolívares. Unos 3 millones de dólares. Tres días antes, en el diario El Universal , ya el gobierno de Rafael Caldera las había asumido como suyas. Poco antes, el 15 de octubre, en el diario Frontera apareció un remitido costosísimo y firmado por el obispo Baltazar Porras y el rector Michel Rodríguez, dándole apoyo moral a este Banco, en un todo para que la gente no fuera a sacar su plata de allí. Toda una inmensa vagabundería y crimen, tomando en cuenta que quien no lo hizo a tiempo prácticamente lo perdió. Fue por orden del doctor Caldera, por lo que se vino teniendo desde hacía meses la caída definitiva de este banco, pues Bernardo Celli, aportó dinero para su campaña presidencial.

En cuanto a Mérida, me llamó profundamente la atención el que Bernardo Celli y William Dávila Barrios, resultaran electos senadores por este Estado. Lo que revela la enorme farsa de aquel viejo sistema electoral. Resulta ahora que entonces se hicieron acusaciones severas contra William Dávila Barrios, por haber sido financiado su campaña con dineros de William Fajardo, el narcotraficante del Estado Monagas, pues este señor estuvo en Mérida el año de 1993, haciendo notables contactos con este senador. Entre otras cosas WDB fue el presentador en el Club Demócrata de un libro de Freddy Yépez que había costeado el señor Fajardo. Lo de que Bernardo Celli saliera electo fue también más o menos por la misma vía de la estafa, del fraude y del engaño.

Celis Parra, Bernardo : Un día pagó a un grupo de muchachos de la Facultad de Humanidades para que ordenasen una serie de documentos sobre la historia de Mérida. Luego lo presentó como suyo. Se lo apadrinó el “poeta” Adelis León Guevara.

Celis Parra, Bernardo : El 15 de octubre de 1994, apareció en el diario El Nacional , un enorme remitido, en letras enormes que habla de TESTIMONIO DE SOLIDARIDAD CON LA REGIÓN ANDINA, donde un representativo grupo de personas da apoyo moral al Banco Andino. Un banco que ese momento se encontraba en el banquillo, después de que una cadena de instituciones financieras se fue al foso; pero como su dueño don Bernardo Celli compró una curul al Senado al partido Convergencia, se le dieron toda clase de auxilios financieros, tanto o más que a los otros bancos quebrados. El remitido concluye: «Quienes suscribimos, interesados en el progreso y avance de la región, damos el más amplio respaldo al BANCO ANDINO VENEZOLANO C. A. y a su Dirección,…» Firman entre los primeros, Mons. Baltazar Porras Cardozo [1] y el rector Miguel Rodríguez Villanave.

Celis Parra, Bernardo : En 1997, fue la pata empresarial que buscó la eliminación de los cóndores en el Páramo de Mucuchíes, luego de “haberse llenado de gloria” trayéndolos de EE UU. Otra de las patas fue esa iglesia merideña anti-comunista. La tercera pata la representaba el adeco William Dávila Barrios, ducho en triquiñuelas politiqueras. La toma del páramo por parte de estas tres joyas era para imponer una red de casinos y resorts. Promovieron campañas para que el Ministerio del Ambiente echara para atrás leyes de protección de esa zona y se permitiera así urbanizarla. Sacaron a los campesinos del lugar y los trasladaron a la ciudad de Mérida para que protagonizaran la llamada “Marcha de los Bueyes”. Era necesario matar a los cóndores, como digo, para reforzar la intervención con fines urbanísticos de la región. El jefe de esta refriega fue el alcalde de Mucuchíes Avelino Villarreal [2] . Se buscaba pues la proliferación de los burdeles, la venta de la carne humana a condición de unos dolarcitos extras para la región. Deseaban que cundieran los casinos, las discotecas, los bares con sus billares y cuanto contribuyera a la disipación humana aunque fuese sobre un desierto. A nadie asombró el giro de 180 grados que dio el diputado Bernardo Celis Parra, quien pasó a defender la intervención de esta zona. Hombre inculto que no sabe expresarse y que ante la comisión del Senado que investigaba a Avelino Villarroel, el alcalde asesino de cóndores, tuvo el coraje de decir: “LA LEY DE LOS CASINOS PUEDE SER POSITIVA SIEMPRE Y CUANDO LLEVEN EL DESARROLLO A SITIOS DONDE DE OTRA FORMA NO LO TENDRÍAMOS, AL DESIERTO VENEZOLANO, LAS ZONAS ABANDONADAS DONDE NO HAY SERVICIOS, DONDE NO HAY ESCUELAS, NO HAY NADA Y PODRÍAMOS DESLINDAR AHÍ LAS ZONAS DE TOLERANCIA Y TRAERÍAMOS RIQUEZAS  QUE TRAERÍAN BIENESTAR A LA POBLACIÓN…” Horrible, horrible. Horrible. ¿Puede un hombre con tan escasa cabeza y tamaña barbaridad haber traído a esas bellas aves (los cóndores) con un objeto verdaderamente ecológico y humano? !NUNCA!

[1]             

[2]             

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